• Gerenta zonal de Aguas del Altiplano en Arica, Claudia Rojas Muñoz reflexiona sobre su experiencia liderando un rubro masculinizado y los cambios que hoy permiten avanzar hacia espacios de decisión más diversos.

En la industria sanitaria, un sector técnico, exigente y tradicionalmente dominado por hombres, ejercer liderazgo implica tomar decisiones complejas, coordinar equipos diversos y responder a un servicio esencial para la comunidad. En ese contexto, la trayectoria de Claudia Rojas Muñoz, gerenta zonal de Aguas del Altiplano en Arica, refleja tanto una carrera construida desde la experiencia como los cambios que lentamente comienzan a consolidarse en espacios históricamente masculinizados.

Ingeniera de formación y ariqueña, Claudia reconoce que la brecha de género la vivió desde la universidad, cuando estudió Ingeniería deEjecución Mecánica y posteriormente Ingeniería Civil Industrial, en años en que la presencia femenina en esas carreras era mínima. Esa experiencia temprana marcó su carácter y su forma de enfrentar el mundo profesional.

“El desafío no ha sido solo técnico, también ha sido cultural. Muchas veces hay que demostrar las capacidades más de una vez, pero también entender que abrir camino permite que otras mujeres no tengan que partir desde el mismo lugar”, señala.

Desde su rol directivo, ha debido liderar equipos, validar decisiones técnicas y asumir responsabilidades estratégicas en un rubro altamente regulado. Sin embargo, enfatiza que el liderazgo no se ejerce de manera individual.

“Nada de lo que hacemos es solo el resultado de una persona. Detrás de cada decisión hay equipos comprometidos, trabajo colaborativo y personas que conocen el territorio y el servicio. Liderar también es reconocer y confiar en ese trabajo colectivo”, agrega.

Hoy observa con optimismo los cambios que se han ido dando, tanto en la formación profesional como en los espacios de decisión.

“Me alegra ver que hoy más mujeres estudian ingeniería y acceden a cargos de liderazgo. Eso demuestra que estamos avanzando y que los cambios culturales, aunque lentos, sí son posibles”, concluye.

Su testimonio da cuenta de un proceso que sigue en construcción. Ejercer liderazgo en un sector históricamente masculino no es solo una responsabilidad profesional, sino también una señal de que las organizaciones pueden transformarse cuando la experiencia, la preparación y el trabajo en equipo son el eje de la gestión.